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DE NAUFRAGIOS Y AMORES LOCOS

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2019
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Negо con la cabeza mientras contra?a los labios y ladeaba el rostro

_No, no es eso.

_ ?Y entonces…?

_Es que no me dejas escuchar el recital por el radio ?No te gusta la Peque?a Compa??a?

De situaciones anteriores ten?a el conocimiento y la experiencia de que no pod?a hacerme amigo de las mujeres. Cuando establec?a una relaciоn cordial sana con ellas, no hab?a forma de que despuеs pudiera conquistarlas, as? que vi la oportunidad para comenzar mis insinuaciones antes de que la confianza con ella fuera mayor.

_ ?T? sabes quе cosa me gusta mаs que la Peque?a Compa??a? Tu peque?a y cercana compa??a.

Me mirо recelosa, o mаs bien fingiendo recelo y con un brillo nuevo en la mirada

_Te pareces a alguien que yo conozco.

_Dif?cil, mi ni?a porque de los locos entre los locos yo soy el mаs loco.

_ ?Y m?sico y poeta?

_De todo, por ti soy capaz de todo. Yo puedo decir los versos mаs tristes esta noche.

_No es decir, es escribir.

_No, ese fue Neruda. Yo te los digo, o los mаs alegres, los mаs originales, los que t? quieras escuchar.

Me miraba con aire de incredulidad, sonriendo la ocurrencia y cre?a adivinar en sus ojos cierta aceptaciоn cuando Luis nos interrumpiо.

_Guarde la Colt, compadre. Mira me contaron que aqu? cerca hay una presa de lo mаs bacana. Vаmonos todos a pecar.

_ ?A pescar a esta hora?_ me extra?е_. ?T? estаs loco!

_Loco no mi socio, t? eres el que estаs sordo, dije a pecar, sin ese. Mira para acа, todav?a queda una botеllula por los hоmbrulos.

Y en la presa fue el despelote, tragos, canciones, chistes, mаs tragos y despuеs el embullo colectivo de ba?arnos y ellas que si los caimanes y nosotros que aqu? no hay nada de eso, despuеs ellas que si las trusas y nosotros que las de Adаn y Eva y ellas que no y nosotros que s? y con el otro trago, la noche y las aguas oscuras nos engulleron totalmente en cueros. Al inicio chapoteamos y re?amos, luego nos fuimos separando hasta conformar cinco min?sculas islas que cada vez reduc?an mаs su territorio a medida que nuestros cuerpos se pegaban, se fund?an y vino entonces el alboroto de Amarilis corriendo desnuda por las piedras de la orilla y Luis detrаs de ella tropezando mientras intentaba ponerse los pantalones.

_Ese Plomo no es fаcil_ se compadeciо Bety.

_ ?Quе plomo?_ preguntе ingenuo

_Luis, le dicen el Plomo y no es por lo pesado que es. Dicen que se manda mal, estа mаs que bien dotado. Amarilis lo sab?a y quer?a probarlo, alardeaba que ella s? se la disparaba completa y m?rala ahora cоmo va.

Aquel comentario sobre dimensiones fаlicas, el sobresalto, el efecto del alcohol y un poco de complejo de inferioridad hizo que se me enfriara hasta el alma. Las otras parejas tambiеn sal?an del agua y los imitamos. Nuestras mentes, ahora mаs l?cidas despuеs del chapuzоn nos forzaban a enfundarnos en los comunes pitusas descoloridos. Amarilis ni atrаs ni alante quiso volverse a unir al grupo y las muchachas solidarias la acompa?aron de vuelta, unos cincuenta metros delante de nosotros. Los varones acabamos de despachar la botella y empezamos a darle cuero al Plomo y cuero y cuero hasta que el tipo se decidiо a hablar, que no, que no se la pudo meter, que cuando ella vio cоmo era la cosa comenzо a recular y que no, que no. Ni siquiera la pinchо.

Al otro d?a coincid? casualmente con еl en el ba?o y al verme mirarle de soslayo su aparato me soltо.

_Unos porque quieren tenerla mаs grande, y a m? porque me sobra un pedazo.

Ten?a el rabo mаs largo que jamаs en mi vida vi, nueve pulgadas en reposo, catorce y media parado. Yo no lo med?, me lo contо еl y por lo que se apreciaba no deb?a haberse equivocado.

_Compadre, pero a usted hay que cambiarle el apellido, en lugar de Luis Maldonado eres Luis Biendonado.

_ ?Ah, no jodas, t? tambiеn me vas a dar cuero!_ me dijo desconsolado.

_No mi herma, no es cuero. Alеgrese de ser as?, siempre es mejor que sobre y no que falte, ademаs lo suyo tiene soluciоn.

_ ?Verdad?_ en su rostro se notaba alegr?a y esperanza._ ?Cuаl es la soluciоn?

_Ponerte un pa?uelo amarrado en el tronco del rabo como si fuera una arandela.

Tuve que salir de all? a millоn porque el muy degenerado me lanzо no un cubo de agua, sino el mism?simo cubo por la cabeza, y era de zinc galvanizado.

Mаs tarde un sol juliano, tropical?simo y achicharrador se ensa?о en nuestras espaldas juveniles y trasnochadas mientras guataqueаbamos unos interminables surcos de ca?a nueva. Con la resaca de la noche anterior y el cansancio del viaje parec?amos verdaderos zombis, los pesados azadones se levantaban arr?tmicos y cansones, mientras nuestra ilusiоn se centraba en el remoto final del campo, donde un incitador y frondoso mamoncillo esparc?a una sombra grande y fresca. Luis, Fidel y yo fuimos los primeros en llegar a еl y a pesar de no haber hecho mucho hincapiе en cumplir la faena con calidad sent?a en las manos el escozor de las incipientes ampollas. A las muchachas las hab?an mandado a unos semilleros distantes de nuestro campo, por lo que nos sent?amos a?n mаs abandonados y desalentados. Apoyamos las espaldas en el tronco rugoso, a lo lejos los otros sufr?an a?n bajo el sol.

_Que lo aprovechen bien, porque en Diciembre y Enero cuando los coja el fr?o de la Sоviet van a llorar por un poquito de sol.

El Plomo me mirо sonriendo.

_Algunos, porque yo voy para Alma Atа y allа dicen que se mete un calor de mаs de cuarenta grados. Peor que este.

_Entonces vamos a solidarizarnos contigo y nos quedamos aqu? a la sombra_ sugiriо Fidel_, y hablando de sombra. Plomo, necesito que me tires un cabo. T? sabes que estoy puesto de lleno para Olga, pero veo que le han disparado mаs de veinte tipos durante todo el curso y ninguno ha podido sacarle el s?. T? eres socito de ella, ponme una piedra compadre, a ver si paso estos d?as como se merece.

_ ?Quе piedra ni un carajo? , bаjale muela. T? eres un tipo de jeta fаcil y gracioso. Tienes quince d?as para ligarla.

_El l?o no son los quince d?as, yo quiero ligarla ahora y pasar estos d?as con ella. De verdad que me gusta, la tengo metida entre tarro y tarro. T?rame un cabo, asere.

_ ?T? le tienes miedo a la ni?a?_ me met? en la conversaciоn.

_No es miedo, viejo, ella tiene su carаcter y sus resabios y con una buena piedra es mejor.

_Nа, compadre, usted lo que tiene es miedo ?Cuаnto te apuestas a que si yo la enamoro la tumbo?_ empecе a cuquearlo.

_No me jodas con eso, chico, pero es mаs si de apuestas se trata la cosa, ?nos jugamos una botella de ron a que hoy converso con ella?

_ ?Conversar nada mаs?_ dije escеptico_, as? no tiene gracia.

_ ?Va la botella a que hoy la enamoro?_ se envalentonо Fidel

_ ?Va!_ le respond? animoso y confiado en que me ganar?a sin problemas el roncito para pasar la noche.

Y cada uno con el aliciente de la posibilidad de ganarle al otro nos metimos otra vez en el surco antes de que el jefe de brigada llegara hasta nosotros para rega?arnos.

Despuеs de la comida, unos ch?charos innombrables con arroz blanco y huevos salcochados volvimos a formar los viejos grupos. Bety me acariciaba las ampollas boludas, el Plomo ahora sin Amarilis ten?a los ca?ones listos para dispararle a cualquiera; Fidel, reciеn incorporado al grupo era una bola de nervios esperando a que Olga saliera del albergue.

_Vamos a duplicar la apuesta_ le dijo Luis_. Si yo, a pesar de mi mala fama me empato con alguna jebita hoy y t? no logras ligar a Olga, me das dos botellas. Si yo fallo y t? lo logras entonces yo pongo una y Rey pone la otra ?De acuerdo?

_ ?Eh!, ?y yo quе gano en todo esto?_ protestе.

_Cаllese la boca, compadre, que nos vamos a empinar dos pomos esta noche a costilla del socio.
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